La depresión también afecta a los menores – por los derechos humanos

La depresión también afecta a los menores

menoresLa historia de Ángel de Jesús, de 14 años, es un reflejo ejemplar para que los padres atiendan a las señales de prevención, acompañamiento y cuidado de sus hijos.

Los padres de un niño de 5 años caminan con Ángel de Jesús, esperando que cambie la luz del semáforo para cruzar la calle, de repente el menor se le tira a un carro esperando acabar con su vida. Su padre reacciona a tiempo, lo toma del brazo y evita lo que pudo ser una tragedia. Su madre en medio de su desconocimiento lo reprende y lo golpea pretendiendo hacerlo recapacitar.

Este intento de suicidio ocurrió en otras tres ocasiones más. En su colegio no lo entendieron hasta que subió al segundo piso de su institución y trató de tirarse de allí. Con el diagnóstico que le realizó un psiquiatra se determinó un trastorno afectivo bipolar, así su madre comprendió porque Ángel evitaba a sus amigos, no quería jugar y porqué desarrolló fobia escolar.

Debido a un dolor somatomorfo, es decir, un dolor intenso físicamente producido por alteraciones psicológicas, el menor estuvo seis meses postrado en una cama con la angustia de la madre porque tal vez no volvería a caminar.

Luego de superar el punto más álgido de casi perder a su niño, Marisol buscó ayuda y la encontró en las manos de la psicóloga, Diana Ríos, psicóloga independiente. Ella le dijo “Ángel está sonriendo, hay esperanza”. Con base a esto Ángel inició su tratamiento para sobreponerse a esta enfermedad que no le permitió tener una niñez con un desarrollo normal.

Como el caso de este pequeño hay muchos, pero sin una estadística concreta. Según el exsecretario de salud, Gabriel Jaime Guarín: “Es muy difícil hacer un diagnóstico de cuántos menores tienen esta enfermedad porque no es física. No hay cifras serias que tengan un valor científico”. De esta manera se desconoce la cantidad de menores con esta situación, que se puede prevenir o ayudar a sobrellevar si se detecta a tiempo.

Cuando su madre vio la ilusión de asistir a su hijo comenzó el tratamiento y evidenció las mejoras que obtuvo rápidamente. Ahora su madre lo ve mejor, ha ido dejando a un lado la tristeza y hasta él lo manifiesta: “La psicóloga me dijo que empezara a compartir y así me siento mejor”.

La conciencia de Marisol habla desde su experiencia. Cuando las otras personas lo juzgan afirmando que es un malcriado o es perezoso, es porque no dimensionan la enfermedad que tiene. La psicóloga le ayudó a tener estabilidad emocional, mientras su educación avanza hacia grado séptimo.

 

Causas y soluciones

Las causas pueden ser diversas. En el caso de Ángel debido a la herencia genética de su abuela o como en el caso de Ana María Grefestein, quien adquirió el trastorno por consecuencias externas que la afligieron, como la pérdida de su hijo que buscó disfrazada de indigente durante un año, además de la quiebra económica que desembocó en su perjuicio mental.

La directora del doctorado en psicología de la Universidad San Buenaventura, Nora Helena Londoño, menciona varios factores causantes de esta enfermedad “el entorno, la genética, la personalidad del niño, la carencia de afecto y protección por parte de sus cuidadores”.  Son riesgos que aumentan la vulnerabilidad o la predisposición para caer en manos de la enfermedad silenciosa. “Los padres necesitan una red de apoyo por parte de sus familiares, ellos solos no pueden hacerlo todo”, afirmó la directora.

El programa integral de salud tiene tres estrategias para controlar esta patología: Medellín sana y libre de adicciones que pretende hacer énfasis en los proyectos de vida de los jóvenes: “Cuando un niño tiene algo porque luchar no hay depresiones”, asegura el exsecretario de salud, Gabriel Jaime Guarín. También, el programa habilidades para la vida que cuenta con consultorios en Metrosalud para prevenir riesgos familiares. En última instancia, se encuentra la línea amigable, la que ofrece servicio telefónico a los padres para atender a los niños que tienen intento de suicidio, en el 123 o en el número 4444448.

Fue así como Marisol Martínez después de detectar esta problemática en su hijo reflexionó y compartió consejos para atender esta situación “tener paciencia, acompañamiento y buscar ayuda con profesionales”. Y concluyó: “Los padres deben sacar aunque sea un minuto para llegar a mirar los cuadernos de sus hijos y saber cómo van”.

 

Decálogo para que sonría el niño

  • Predique con el ejemplo
  • Ayude a su hijo a divertirse y sentirse bien
  • Ahórrele sufrimientos innecesarios
  • Promueva la armonía familiar
  • Edúquelo con afecto y coherencia
  • Potencie sus habilidades, cualidades y hobis
  • Entrénelo para enfrentar la frustración
  • Hágalo responsable, no culpable
  • Moldee un estilo cognitivo racional
  • Fortalezca su autonomía

Consejos para padres tomados del Libro el niño que no sonríe: estrategias para superar la tristeza y la depresion infantil. Francisco Xavier Méndez.

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