Polarizados – por los derechos humanos

Polarizados

 

 

Tal nivel de polarización tuvo y tiene este país durante las recientes elecciones, y luego de ellas, que parece que hay que estar en un bando para tener contento a uno de los dos sectores. Aquí no caímos en el juego: 1) porque no coincidimos ideológicamente con ninguno de los dos, 2) porque tenemos lectores uribistas y petristas y ninguno querrá leer avisos parroquiales de alguno de los dos candidatos y 3) porque cuando se asume una causa política ajena; habrá cierto nivel de miopía voluntaria que avalará todo lo que haga uno y se cegará ante los errores que cometa, lo que impedirá que los medios hagan control social sobre lo que suceda frente a los hechos públicos en los que se vean inmersos los dirigentes. 

En lo cotidiano y lo local se vive y se siente en las familias, en los procesos comunitarios y hasta define prioridades de apoyo político de cualquier sector, como que en determinadas comunidades vulnerables como son uribistas determinadas organizaciones sociales no hagan presencia, y viceversa. En últimas, cada uno llegará al poder y los habitantes del territorio tendrán que seguir trabajando, viviendo su realidad y prestos a seguir atendiendo lo que acontece en su entorno inmediato. 

Por un lado, se ha acusado al padrino de Iván Duque de cerca de 10 mil falsos positivos durante sus dos mandatos, de todos los sucesos nefastos que ocurrieron durante su gobierno: como cohecho, chuzadas a opositores, el tema de Agro Ingreso Seguro y persecución a toda la prensa crítica de su gobierno.    

Según la denuncia que realiza la periodista María Teresa Ronderos, en el libro Guerras recicladas, el secretario de gobierno de la Gobernación de Antioquia, Pedro Juan Moreno, durante el período de Álvaro Uribe como gobernador, sostuvo una reunión con Carlos Castaño y Rodrigo Doblecero en el que se barajaron temas como en qué va el proceso de las autodefensas, la política antinarcóticos, del avance de la guerrilla y el gobierno de Samper en ese entonces. Asimismo, pone en evidencia que luego de las violaciones de Derechos Humanos publicadas en contra del general Rito Alejo del Río a nivel internacional, el expresidente y ahora senador, fue el orador de la ponencia que hizo hacia este general “para contener a los violentos”, teniendo en cuenta que éste estuvo asociado con paramilitarismo y la masacre de Mapiripán. 

Por el otro extremo, un candidato populista que prometió el oro y el moro, defendiendo el modelo económico que quebró a Venezuela, y luego cambiando el discurso cuando la opinión pública y los medios tradicionales lo pusieron contra las cuerdas. Lo cierto, es que, al hablar con los venezolanos en Medellín, los cuales son obreros o conductores, cuentan que la economía no daba abasto y con su sueldo ya no les alcanzaba para vivir como lo hacían antes en su nación, por eso emigraron de su país para subsistir, dado que la inflación no les permitía comprar la comida básica. 

Capítulo aparte, merecen las milicias urbanas, que posiblemente a ellas es que se deba el desprestigio y la mala fama de que gozan todos los candidatos de izquierda, y más sí tuvieron algún paso por alguna guerrilla o milicia local, tal como lo registró el IPC en el libro Una historia de las Milicias en Medellín, donde estos grupos aducían un discurso de lucha por el pueblo, pero que desembocaron en unos grupos tiranos con la población que dominaron en amplias zonas marginales de la ciudad mediante la extorsión, el control territorial, el reclutamiento de menores y operando como una banda local que mantiene un negocio particular. 

Porque todavía hay personas que exigen la responsabilidad de exmilitantes de la guerrilla del M-19, en el suceso que derivó en la toma del Palacio de Justicia, hecho que tuvo como consecuencia los actos que enlutaron al país el seis y el siete de noviembre de 1985. A partir de allí, en Colombia ha habido un debate que aún no termina. Mientras hay oficiales condenados por la retoma, dirigentes del M-19 fueron indultados e incluso hoy ocupan cargos de elección popular. Algo que Gustavo Petro persiste justificando como un hecho político, a la vez que simultáneamente otros piden mesura y que pida perdón.
 

En estas elecciones vimos medios de comunicación engrandeciendo o difamando a cualquier candidato dependiendo de los intereses de la prensa de turno. Entonces por citar unos ejemplos, se veía a El Colombiano atacando a Petro y defendiendo al Centro Democrático; así como se veía a la Alianza de Medios Alternativos atacando al candidato de Uribe y abogando por el candidato de la Colombia Humana. ¿Qué genera esto en últimas? Pérdida de credibilidad, de autoridad y desconfianza por parte del público que deberán ser los encargados de observar y ver críticamente los entramados que le pretenden meter. Porque sí algo tenemos claro, es que al fin y al cabo cada uno gobernará bien o mal, pero pensando en los intereses suyos, la gente sencilla y ajena al poder seguirá luchando por defender lo que le pertenece y en medio de esta larga e intrascendente confrontación que solo cambia de actores.  

 

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