Vendedores informales reclaman garantías laborales y que no los saquen del centro | por los derechos humanos

Vendedores informales reclaman garantías laborales y que no los saquen del centro

 

 

 

María Ruby Ardila es una vendedora informal o ambulante que lleva trabajando en este oficio desde hace 18 años. Quedó viuda luego de que le asesinaran a su esposo y se hizo cargo de siete jóvenes, que como lo dice ella, los levantó por el poder de Dios y las ventas de la calle. Ella explica y reúne las molestias que llevaron a los vendedores informales a protestar el pasado 25 de enero de 2018.

De la Alpujarra la hicieron salir hace ocho años, entró al Parque de Botero y ahora la quieren hacer retirar de allí. Espacio Público siempre le recuerda que no puede pasar por ahí, e incluso, que si sigue acudiendo al lugar le ponen un comparendo de 800 mil pesos por el Nuevo código de policía, sabiendo que ella solamente lleva una chaza pegada al cuerpo y un termo.

Diego Luis Giraldo, pensionado y exvendedor informal, le recordó al alcalde lo siguiente: “Señor Federico póngase las manos en el corazón, cómo es posible que después de que los venteros callejeros lo llevaron a la Alcaldía, porque usted se estaba quemando por 15 mil votos, ya no se acuerde de ellos, sino es por los venteros no fuera alcalde”.

Asimismo, Giraldo destacó una anécdota que vivió con un vendedor informal adulto mayor de 60 años, al cual hace poco por el museo de Antioquia cuando transitaba con una chazita en el cuerpo vendiendo chicles y cigarrillos, se la decomisaron, cuando la ley y la constitución dice lo contrario.

Por su parte, Marleny de Jesús Ortiz Zapata, quien es vendedora informal percibe la situación de esta manera: “Lo que me tiene preocupada es la actitud que ha tomado el alcalde de sacarnos a todos del centro. No me parece justo eso, porque nosotros los que estamos en la calle no estamos porque queremos, sino porque no tenemos un empleo digno por el cual nosotros podamos trabajar y ganar el sustento para nuestra familia.  Soy madre cabeza de familia con tres hijos, y a la edad que tengo, y sin estudios, no tengo forma de tener trabajo en una empresa, por eso mi única fuente de empleo es esta. No sé qué va hacer el alcalde, ojalá se ponga la mano en el corazón y no nos saque de la calle”, concluyó con el clamor que pedían todos los vendedores durante la protesta.

 

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