¿Aún seguimos peleando una guerra ajena? – por los derechos humanos

¿Aún seguimos peleando una guerra ajena?

 

Colombia se ha visto inmersa en una guerra ajena, en la cual los intereses se han trazado por organizaciones internacionales como la Organización Mundial del Comercio, la criminalidad desde y por fuera de la institucionalidad, USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y la geopolítica que determinan muchos intereses que no son los nuestros. 

En el texto publicado por el mejor periodista de Colombia, Germán Castro Caycedo, titulado “Nuestra guerra ajena”, dimensiona parte de nuestra historia reciente por los gobiernos de Pastrana, Uribe y santos. En el cual quedan registrados citas para comprender el contexto actual del país. 

  • Observadores militares calculan que en los últimos años del gobierno de Uribe Vélez en este país había entre tres mil quinientos y cuatro mil mercenarios extranjeros involucrados en la guerra contra los narcóticos y la subversión, o dependiendo de las grandes compañías multinacionales que operan en el país”. 
  • Luego de que los soldados estadounidenses perdieran la guerra en Vietnam, estos encontraron en Colombia un lugar para imponer el negocio de narcotráfico de estupefacientes, lo contradictorio es que Colombia se haya apoyado en este país mediante el Plan Colombia para combatirlo en los gobiernos de Uribe y Pastrana. 
  • “En otras palabras, el sentido de nuestro conflicto gira en torno a la abundancia de nuestros recursos estratégicos, disfrazado con el pretexto antiterrorista, para controlar las fuentes de energía. Es la confrontación entre una potencia y un conjunto de nacionespobres” que concentran inmensas riquezas naturales”. 
  • “En Colombia, desde hace veinticinco años se busca promover la expansión de las economías de guerra en una parte de la economía de mercado, y el creciente concurso de política, ejército, policía, narcotráfico, ganaderos, industriales, paramilitares, ejército estadounidense, agencia antidrogas norteamericana DEA y corporaciones militares privadas, cooperan en asociaciones cambiantes para imponer sus intereses comunes contra los de la población inerme”. 
  • Terminada la Guerra Fría, el pretexto de la lucha contra las drogas justificó en el Pentágono la continuidad de la presencia militar estadounidense en el hemisferio, y con ella la necesidad que durante décadas tuvieron las fuerzas militares de mantener una política de control en la región”. 
  • “Para los países industrializados, el control de los espacios geopolíticos de cualquier parte del planeta donde se encuentran grandes reservas de recursos estratégicos como el agua dulce constituyen áreas de alto valor económico y geopolítico. Los países industrializados han fijado como su objetivo controlar, explotar y administrar el agua como lo han hecho con las áreas petrolíferas y de gas natural”. 
  • “Ante la escases de Estados Unidos en agua, la riqueza acuífera de América Latina hoy ofrece la posibilidad de abastecer de energía a Estados Unidos mediante hidroeléctricas construidas con capital privado y al margen de los diferentes Estados nacionales. El agua dulce es parte del botín de la nueva guerra (La Amazonía)”. 
  • Viendo todo esto, hoy uno se pregunta cuáles son los intereses de los Estados Unidos: ¿La lucha contra las plantas de coca? ¿La lucha contra la guerrilla que se beneficia de ellas? ¿Una lucha por controlar el agua dulce, los bosques y los recursos genéticos? ¿Una lucha por mercados…? ¿Qué los mueve? Los mueve todo eso, pero fundamentalmente, primero, definir su hegemonía política continental, indiscutida por las demás potencias mundiales”.  
  • Es necesario anotar que en junio del 2013, los “falsos positivosllegaban a 3.000  casos comprobados por la justicia ordinaria, en los cuales habían sido secuestrados y luego asesinados 4.620 seres inocentes. Hasta entonces estaban condenados algunos militares – la inmensa mayoría de bajo rango– y otros 4.000 se hallaban vinculados a estos crímenes”. 
  • “Las autoridades que manejan la mayoría de los contratos con las compañías de mercenarios son el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y algo llamado Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional, USAID, a través de los cuales Washington creó en Colombia el principal conflicto privatizado del mundo, además del de Iraq”. 
  • “Es el verdadero negocio de la guerra, puesto que detrás de cada incursión de carácter militar están por lo menos una empresa y un grupo de inversionistas que se lucran con la muerte de colombianos. Con los nombres de las compañías emergió parte del nuevo lenguaje de una guerra ajena. Por ejemplo, anteriormente la información sobre mercenarios se cubría con la clave secreta, “seguridad nacional”. Hoy no se dice así. Se dice “confidencialidad corporativa”. Y si a los ciudadanos les hablan aquí del “Plan Colombia”, como ya se ha repetido, en el Pentágono la clave de la guerra es “Ofensiva al Sur””. 

 

A esto se adhiere la incursión del Cartel de Sinaloa, incluso, financiando campañas electorales en Colombia. Adicionalmente, la inmersión de los Maras en nuestro país y el fracaso en el proceso de paz que tiene a las disidencias rearmándose y tejiendo alianzas con el ELN.  

El actual presidente Duque plantea como salida, nuevamente regar los campos con glifosato para combatir la droga, doblegándose a los intereses estadounidenses, aunque paradójicamente ellos fueron los que iniciaron, patrocinaron y se siguen lucrando con esta guerra que no nos pertenece ni nos conviene. 

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