El calentamiento global y los efectos en Colombia – por los derechos humanos

El calentamiento global y los efectos en Colombia

 

Foto: La Reserva

 

Por: Carlos Arturo Cadavid Valderrama

 

El cambio climático nos afecta a todos. El daño está hecho y la presencia del ser humano en el planeta
continuará antes de un desastre cósmico o artificial. Pero los efectos del cambio climático se pueden
mitigar y muchas de sus causas también se pueden eliminar. Existe en el mundo suficiente capacidad
científica, tecnológica, técnica y económica para detener las principales fuentes agresoras del medio
ambiente. Falta voluntad política y mayor responsabilidad de los países y las multinacionales más
implicadas en el efecto invernadero, que se niegan a cumplir a cabalidad los compromisos adquiridos
desde 1994 para reducir el uso de los carburantes del petróleo. Es triste ver cómo se impulsan
campañas, no para impedir las secuelas de este peligro planetario sino para “mitigar” y adaptarnos a
ellas (Plan Nacional de Adaptación de Cambio Climático). Ahí está presente la mano tenebrosa e
invisible del mercado que tanto adoran los practicantes del neoliberalismo: seguir con los negocios a
como dé lugar, aun así causen un daño criminal a la raza humana y su hábitat.

La comunidad y sus organizaciones populares con pequeños cambios de comportamiento y una
amplia campaña cultural de concientización podemos ayudar a modificar hábitos equivocados de
consumo, contribuir a defender el medio ambiente y mitigar las secuelas que ya sentimos día a día.

Efectos en Colombia

No hay día sin que las noticias registren graves alteraciones del clima como consecuencia del cambio
climático global, lo cual incrementa en nuestro país los períodos de paso del llamado fenómeno de “El
Niño/Oscilación del Sur”, que “es un fenómeno natural resultado de la interacción entre el océano y la
atmósfera en las zonas oriental y central del Pacífico ecuatorial. Habitualmente, los episodios de El Niño
se intensifican a finales del año civil, alcanzando su fase máxima entre octubre y enero del año
siguiente… Las graves sequías y las inundaciones devastadoras que se están experimentando en las zonas
tropicales y subtropicales caracterizan el presente episodio de El Niño, el más fuerte registrado desde
hace más de 15 años”, de acuerdo con el Boletín No. 12 de la Organización Meteorológica Mundial
(OMM) del 16 de noviembre de 2015.” 2

Las corrientes de aire que provienen del Pacífico hacia el interior de Sur América, modifican las
estaciones de lluvia naturales produciendo precipitaciones catastróficas e incrementan las olas de
calor que están asolando campos y ciudades colombianas. Las causas pueden ser muy diversas, pero
todo señala como principal origen a la actividad del ser humano sobre el planeta, que en 200 años ha
cuadriplicado en la atmósfera la presencia de gases de efecto invernadero, entre los cuales ocupa el
primera lugar el gas carbónico (CO2).

Tanto el fenómeno natural del Niño como la explotación depredadora del suelo y de los combustibles
fósiles, producirán consecuencias funestas de tal magnitud que solo hasta ahora en la ficción
cinematográfica alcanzamos a percibir, a manera de destino cierto que le espera a la humanidad sino
ponemos un decidido y radical alto a las causas del calentamiento global.

En el Boletín No. 9 del 9 de noviembre de 2015, en relación con los gases de efecto invernadero, este
organismo advirtió que “La cantidad de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera alcanzó
un nuevo máximo sin precedentes en 2014, continuando así un aumento incesante que alimenta el
cambio climático y hará del planeta un lugar más peligrosos e inhóspito para las generaciones futuras”.

El vapor de agua y el CO2 (Dióxido de Carbono) son los dos principales gases de efecto invernadero,
pero el CO2 es el principal causante del cambio climático, aunque hay otros gases que causan
concentraciones inusuales a causa de la actividad humana e incluso natural, como el metano y el óxido
nitroso.

Michel Jarraud, Secretario General de la OMM, dijo al respecto que “No podemos ver el CO2. Se trata de
una amenaza invisible pero muy real, que trae consigo unas temperaturas mundiales más altas, un
mayor número de fenómenos meteorológicos extremos (olas de calor, crecidas, etc.), la fusión del hielo,
el aumento del nivel del mar y el incremento de la acidez de los océanos. Esto está ocurriendo ahora y
nos estamos adentrando en un terreno desconocido a una velocidad de vértigo” y agregó: “El dióxido de
carbono permanece en la atmósfera durante cientos de años y en el océano aún mucho más. Las
emisiones pasadas, presentes y futuras tendrán un efecto acumulativo tanto en el calentamiento de la
Tierra cono en la acidificación de los océanos. Las leyes de la física no son negociables”.

El Boletín sobre los gases de efecto invernadero constituye una base científica para la adopción de
decisiones. Su publicación por la OMM tiene lugar antes de las negociaciones de las Naciones Unidas
sobre el cambio climático que tendrán lugar en París del 30 de noviembre al 11 de diciembre de 2015.
Una publicación aparte, el Informe sobre la disparidad en las emisiones, del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente se centra en las emisiones anuales de CO2.

Las altas temperaturas en Medellín

Algo que hemos observado repetida e incrementalmente, es que cuando se viaja hacia Bogotá o se
llega a Rionegro, desde la ventanilla del avión se constata el alto grado de deforestación y afectación
de cuencas hidrográficas en que se encuentran sumidas nuestras montañas, otrora atiborradas de
frondosos bosques nativos. Solo pequeños y cimbreantes hilos forestales, esplendorosos y verdes,
permanecen vigilantes en las riberas de las corrientes de agua que todavía circulan por la extensión
del departamento. En contraste, el paisaje está repleto de grandes zonas desiertas y devastadas por
la ganadería extensiva, la explotación minera a campo abierto y la asignación del suelo para usos
recreativos y contemplativos de grandes hacendados y terratenientes. E entonces, cabe preguntarse,
dónde por Dios durante todos estos años, antes y después de escucharse la cantinela de El Niño y La
Niña, estaban las robustas Corporaciones Autónomas Regionales, pues a sus ojos se ha causado
tragedia mayúscula, que ahora nos está cobrando la naturaleza con la aparición de tempestades
nunca antes sufridas, borrascas inusuales, precipitaciones diluvianas, inundaciones súbitas, y
aumento desmesurado del clima y las sequías: de allí que los efectos de un fenómeno como El Niño,
exacerbado también por el cambio climático global no encuentre barreras que mitiguen su impacto
al asolar el oeste colombiano.

En Medellín las temperaturas que recordamos desde hace 35 y 40 años, no sobrepasaban los 23 y
máximo 26 grados. Hoy no bajan de 28 y 30 grados e incluso más. La redacción de El Colombiano del
pasado 4 de julio destacó la siguiente noticia, la cual corrobra nuestra apreciación: “El jueves 2 de julio,
según los reportes del Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá, Siata, se presentó
en Medellín el día más caliente del año. Tuvimos en el centro de la ciudad, un punto central de medición,
una temperatura de 33 grados centígrados, este año no habíamos tenido esa cifra”, confirmó Carlos
David Hoyos, Gerente del Siata”.

Cuestión de política en provecho de una minoría

Claro que el calentamiento global y el recrudecimiento de los efectos de El Niño, ayudan, sin embargo,
al ser causante el ser humano de la debacle mundial, se torna este fenómeno en un asunto político
para beneficio de empresas privadas, al cual recurre hasta el Presidente de la República para anunciar
las alzas de las tarifas de energía, que muestra el fracaso de las políticas públicas de prevención, que
ahora quiere que paguemos todos los colombianos (El Tiempo, 27 de octubre de 2015, “Así será el alza en las facturas de energía en todo el país: En el estrato uno, el ajuste equivale a $439 mes, mientras que para el estrato seis será de $ 2.943.”).

Además, se denunció ampliamente cómo las empresas electrificadoras privadas en la Costa Caribe y el Valle se
embolsillaron los porcentajes del arbitrario “cargo por confiabilidad” que cobraron por lustros ara una eventual crisis
como la que ahora dicen tener. En efecto, el columnista de la revista Semana, David Barguil Assis, puntualizó: “Hace un mes el Gobierno Nacional destapó la olla de la crisis energética pero aún no se señalan responsables y se insiste en defender lo indefendible. El Gobierno viene diciendo que los colombianos o pagamos un seguro y que la mejor manera de entender el cargo por confiabilidad es hacer de cuenta que le pagamos a un taxi para que estuviera disponible en la puerta de nuestra oficina y de esta manera llevarnos al aeropuerto a cualquier hora.” (Semana,
noviembre 21 de 291).

Es decir, 10 millones de colombianos entregamos, continúa diciendo, más de 15.5 billones de pesos al sistema
interconectado nacional, para que asumiera un seguro contra todo riesgo, dineros que se gastaron las termoeléctricas y ahora ni el gobierno ni la Superintendencia de Servicios Públicos quieren hacer algo al respecto: solo subir
las tarifas y seguir patrocinando semejante bribonada pública.

Efectos adversos tanto en el campo como en la ciudad

La deforestación y la violenta pérdida de capa vegetal no solo se presenta en los campos antioqueños.
También la ciudad sufre consecuencias, pues con el aumento desmesurado del parque automotor, la
consiguiente urbanización para sostenerlo y la polución que desprende, el incremento de la población
y por ende de la necesidad de construcción de viviendas y dotación de servicios, contribuye al cambio
climático urbano. En igual medida, el cambio de vocación industrial de Medellín por el comercial y de
servicios, impulsa la desaparición de grandes áreas de contención climática por cuenta de enormes
centros comerciales. El urbanismo desmedido (caso El Poblado y Pajarito) y otras zonas citadinas
incluyendo las grandes obras de infraestructura de la ciudad, por importantes que parezcan, le causan
un daño inmedible al ambiente de frescura de la desaparecida Ciudad de la Eterna Primavera, pues
no se subsana la desaparición de la capa verde y de la anterior floresta, con la misma rapidez en que
se edifica y urbaniza tan desmedidamente (El Espectador, “Sube el termómetro en Medellín. El calor
tiene azotados a los paisas, quienes piensan que de la ciudad de la eterna primavera ya poco queda.” 15
de enero de 2015).

La presión de intereses y necesidades sobre el suelo urbano disponible otrora verde y reforestado en
barrios tradicionales, más una actitud laxa de las oficinas de planeación y las curadurías urbanas, ha
permitido el descontrol urbanístico y la disminución de la calidad de vida de los habitantes de
Medellín y municipios cercanos. Según el investigador José Fernando Jiménez, “En las islas de calor
urbano tienen que ver los materiales de las construcciones de edificios e infraestructura que usamos. Por
ejemplo, los parques tienden a ser de superficie dura, como Los Deseos, la Luz, La Alpujarra, San Antonio.
Eso es bueno para que se siente la gente, pero desafortunado desde el frescor urbano” (¿Por qué en el
centro hace más calor que en el resto de Medellín?, El Colombiano, 14 de junio de 2015).

Entre los detonantes de las fuertes variables climáticas que se sienten en la ciudad y afecta la salud
de los habitantes, se encuentra la contaminación ambiental producida por el imparable crecimiento
del número de vehículos que transitan por el Valle de Aburrá, que aumentó en un 32.5% en los últimos
siete años, al pasar de 767.548 en el 2008 a 1.266.931 en el 2014, siendo “Carros y motos, los
principales agentes contaminantes del aire”, ak emitir el 98% del monóxido de carbono, el 86% de los
óxidos de nitrógeno, el 74% de compuestos orgánicos volátiles, el 79% del material particulado y el 72%
del dióxido de nitrógeno” (AND, 6 de noviembre de 2015).

De lo anterior, se desprende lo significativo que puede ser la existencia de la política pública de
movilidad y ambiente adoptada por el Municipio de Medellín, de darle prioridad al transporte público
y al uso masivo de la bicicleta, pues hasta ahora han prevalecido los intereses ligados al cemento y la
gasolina y el interés particular sobre el general, en desmedro de los derechos colectivos de la
población a un ambiente sano y a un futuro mejor. Situación que debe revertirse drásticamente para
evitar un “no futuro” devastador.

La entidad que en el mundo tiene la responsabilidad de dilucidar políticas encaminadas a enfrentar
el cambio climático, es el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) que dispone
reportes periódicos sobre “el estado del arte científico respecto al cambio climático”. La última
versión es la quinta y al decir de El Espectador “el mensaje es casi el mismo, pero con un lenguaje más
fuerte: los humanos somos responsables del cambio climático por las emisiones que nuestras
actividades genera y en el mediano y largo plazo los impactos que puede tener en el mundo son de
alerta”(El Espectador, noviembre 24 de 2015). Concluye el informe que los colombianos nos debemos
adaptar y para eso lanza propuestas a los distintos ministerios, basados en la mitigación, más no en
eliminar las causas que provocan que estos fenómenos sean más fuertes en nuestro país: el actual
modelo económico y social. Pero algo es algo.

En EXPO2007 UNIVERSIDAD, octubre 11 de 2007, convocada por la Universidad de Antioquia, se
alertó sobre la incertidumbre venidera referente al cambio climático en la ciudad y se impulsó la
Declaración de Medellín sobre el Cambio Climático, donde se exhorta a las autoridades a tomar
medidas inmediatas de todo orden para cambiar los hábitos de consumo, las formas de construcción,
la protección y restauración de los recursos renovables, del agua y de los bosques y la revisión de las
concesiones de explotación industrial y agropecuaria. No obstante, la experiencia y las noticias de los
últimos años han mostrado que antes que disminuir estos factores negativos, han aumentado
vertiginosamente. Algo debemos hacer.

Las comunidades –nos instan los mandos de poder- debemos aportar más para disminuir las secuelas
de estos fenómenos climáticos, aparte de las cargas sociales y económicas que nos depara una mala
administración de los recursos naturales e hídricos: podemos y debemos ahorrar agua y energía, pero
no por cuestiones económicas, que ya lo hacemos, sino por la conciencia social de que son recursos
que la humanidad necesita para su supervivencia y deben ser luchados, usados y administrados con
responsabilidad, dentro de un nuevo orden y modelo económico social, pues el estereotipo neoliberal
actual ha fracasado rotundamente y mantiene en peligro la existencia de la humanidad en nuestra
única casa sideral, el planeta Tierra.

1 Artículo central publicado en el periódico No. 39. Noviembre de 2015, de la Junta Cívica Paraje El Pinar (Fuente Clara-Robledo). Medellín, Colombia. El autor coordina como voluntario la sede de Medellín de la Alianza Internacional de Habitantes (AIH). www.habitants.org.

2 La organización Meteorológica Mundial (OMM) es un organismo especializado de las Naciones Unidas. Es su portavoz autorizado acerca del estado y el comportamiento de la atmósfera terrestre, su interacción con los océanos, el clima que produce y a distribución resultante de los recursos hídricos. Cuenta con 191 Estados y Territorios Miembros (desde el 1 de enero de 2013). Su predecesora, la Organización Meteorológica Internacional (OMI), se fundó en 1873. La OMM se creó en 1950 y se convirtió en el organismo especializado de las Naciones para la meteorología (tiempo y clima), la hidrología operativa y las ciencias geofísicas conexas en 1951 (www.wmo.int).

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