El ocaso de los políticos “alternativos” en Medellín – por los derechos humanos

El ocaso de los políticos “alternativos” en Medellín

 

Fecha: 17/03/2020

 

La historia cuenta que Fajardo vestido de jeans, camisa remangada y de pelo largo salió a recorrer las calles de Medellín para ganar el favor popular y transformar la realidad de la ciudad, con el objetivo de darle un aire más social. 

Entendió perfectamente el desgaste de los partidos tradicionales y supo capitalizar ese descontento general, vendiendo la idea de alguien fresco y con soluciones representando intereses ciudadanos que aquellos políticos de siempre no podían realizar, por los compromisos económicos y/o políticos que ya habían adquirido. 

El electorado no pudo esquivar la seducción del discurso de la lucha anticorrupción, la renovación política y la independencia. Una apuesta bien diferente para la época, en contraposición de lo que siempre habían ofrecido los alcaldes de turno desde 1988 que se creó la elección de alcaldes locales. 

Más allá de que luego en su gobierno hayan surgido escándalos contrarios a lo prometido: el negocio de Orbitel que tuvo un sobrecosto de 51,9 millones de dólares durante su paso por la Alcaldía, como gobernador del departamento dejó un déficit de 130 mil millones de pesos lo que para la Contraloría General Antioquia acumuló el peor desempeño fiscal del país. Esto sin hablar de la Biblioteca España, las pirámides de la oriental, las aprobaciones en tiempo récord en curadurías para proyectos urbanísticos y los 196 mil millones de pesos invertidos en publicidad a los medios nacionales, que han sido muy útiles para darle una buena imagen ante la opinión pública. 

Ante este panorama, siguieron dándole continuidad a este discurso personajes como Alonso Salazar, Federico Gutiérrez y por esa misma vía siguió el actual alcalde Daniel Quintero. Todos vendieron la receta para mejorar la gobernabilidad y la situación de Medellín, pero se quedaron en el discurso porque los hechos demostraron otra cosa. 

Al pasado alcalde que entendió muy bien la doctrina Fajardo, en campaña dijo ser un político independiente que invertiría en lo social para mejorar la convivencia y las problemáticas que aquejan a las personas como el desempleo, la educación y la convivencia. Sin embargo, su propio secretario de seguridad, Gustavo Villegas, se vio acorralado por la justicia por tener presuntos nexos con la criminalidad, redujo la inversión social y aumentó únicamente la se seguridad, y siguiendo el legado del político-profesor, invirtió más de 200 mil millones en publicidad. 

Ahora el recién alcalde Daniel Quintero, sin pasar los 3 primeros meses de su gobierno, ya desencantó a su electorado. Metiendo al ESMAD a las universidades públicas, cambiando todas las posturas prometidas en campaña: siguió con el tema de las fotomultas con más fuerza ampliando el pico y placa, decidió proteger acérrimamente el proyecto hidroituango (anteriormente el mayor crítico) y la independencia se le esfumó entregándole su gabinete al GEA, al Gavirismo y al Uribismo.  

La pregunta es si con el desgaste de los políticos alternativos, la memoria reciente del electorado olvidará todas las gracias de los políticos tradicionales, entonces ¿la próxima campaña girará en torno a quién pueda asumir las banderas conservadoras? 

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