La identidad indígena de Dabeiba que resiste al conflicto y a preservar su cultura ancestral

Fecha: 03/11/2021
Por: Andrés Ríos
La identidad cultural que rige a las comunidades Emberá Eyabidá, es el gran patrón que está basado en el Jaibaná. Es éste la fuerza espiritual, orientadora y el motor que los guía en cada resguardo controlando los jais, las energías y el entorno de la madre tierra. El Jaibaná es ese guía que vela por el bienestar de la comunidad, da direccionamientos de la cultura como el vestido, la alimentación, los rituales, su cosmogonía y es la enciclopedia andante como lo definirían los mestizos.
Tienen tres rituales: el venecuá, el necuá y el jemené. El necua es cuando el Jaibaná hace un ritual para fortalecer sus poderes, es decir, como cuando entras a estudiar a la universidad para fortalecer tus conocimientos. El venecuá se hace para curar, luego de formarse, saldría a ejercer y a servir para curar a quienes estén enfermos; el necuá se toma para fortalecer su espíritu, su sabiduría y su relación con la madre tierra y la comunidad. Entre más se haga, más fuerte y poderoso será el Jaibaná. El jemené es el ritual más representativo en torno a la mujer, cuando esta pasa de niña a mujer; como pueblo Emberá no manejan etapa de niño, joven, adolescente y adulto como los mestizos, solamente niñez y adultez.
Esa es su parte cultural que está en manos del Jaibaná, de los parteros, los botánicos y los curanderos. La segunda parte es su forma organizativa y política.
La organización política indígena
Algo que se ha cuestionado al interior de las comunidades indígenas, es ¿por qué Dabeiba, teniendo la mayor cantidad de población indígena en Antioquia, nunca han tenido un alcalde que los represente? En Dabeiba la OIA (Organización Indígena de Antioquia) registra un promedio de 7 mil indígenas, 11 resguardos y 37 comunidades. Esta organización surgió en 1985 en este municipio. De acuerdo con sus líderes, era para tener el cabildo más fuerte en Antioquia, debería ser un cabildo mayor muy bien organizado, pero no saben qué ha pasado. Es un municipio que ha estado distante y dividido por todas partes en las poblaciones étnicas.
Zarra* Domicó cuenta que salió de su comunidad Emberá Eyabidá, del resguardo Mozhoromandó, a la edad de 19 años. Comenzó a estudiar en un colegio indígena y empezó a trabajar dentro de la misma OIA; organización, que para él, política y organizativamente les ha permitido estructurarse, siendo la base y la raíz de su formación. Parte de los profesionales que hay de los resguardos han crecido y se han formado por sus propios recursos. En la organización el único profesional de Dabeiba es él.
“Si tenemos tanta población y podemos poner 1500 votos y no hemos sido capaces de poner un concejal en la actualidad. Cerca de 3 o 4 concejales apenas hemos tenido en la historia, pero ya van cerca de 12 años que no tenemos un concejal porque se han dejado persuadir de los no indígenas y no votan por sus propios comuneros. Un concejal llega en el municipio con cerca de 500 votos y no han sido capaz de unificarlos. A veces pienso que es la falta de conocimiento académico, de infundir más sobre la importancia de adquirir estos espacios, hemos dejado a nuestros candidatos solos y no somos conscientes de eso, dejándonos llevar por un tamal o una gaseosa. Nuestros comuneros son cortos en el proceso occidental porque no tienen los recursos para ofrecer cosas como lo hacen los mestizos. De nuestro proceso sabemos mucho, pero del proceso occidental no sabemos nada”, asegura Domicó.
El ejemplo más concreto de eso es el homicidio del compañero que se llamaba Reinaldo Domicó, de su comunidad, familiar suyo. Estaban en plenas fiestas de fin de año, en 2012. Mientras se abrazaban y festejaban el año nuevo (2013), le dispararon a quien se proyectaba para ser el líder más representativo que han tenido en Dabeiba los indígenas, con mucha proyección política y con aspiraciones a la Alcaldía. Él tenía choques con dirigentes indígenas de la OIA y dirigentes occidentales de su municipio, porque tenía otra mentalidad organizativa, sería irresponsable señalar a alguien porque todavía no se ha logrado esclarecer los hechos. Durante el control social que ejerció las FARC nunca ocurrió un asesinato, previamente avisado contra un indígena, porque lo anunciaban cuando lo iban a hacer. Domicó asevera que, para él, las FARC no tuvieron nada que ver y ni modo de hablar de las AGC porque no estaban en ese momento, entonces señalar que fue éste o aquel grupo no se sabría con certeza, ni acusar a alguna persona en específico sería una información imprecisa porque no hay pruebas sobre el responsable del homicidio.
Era un líder que tenía una forma de pensar política muy bien estructurada, tanto en lo organizativo indígena como en lo político occidental. Era muy buen orador y por eso creían que tenía muchas posibilidades de llegar a la Alcaldía. El asesinato de Reinaldo Domicó sucedió, luego de una disputa por llegar a la Organización Indígena de Antioquia, porque fue creciendo la organización y surgieron nuevos líderes, como también había muchos que se oponían al proceso liderado por él. Incluso, algunos han acusado a algunos líderes indígenas o se señaló a la Junta Directiva de la OIA en ese entonces; pero todos estos comentarios solo son rumores y no se sabe todavía qué pasó.
Lo que ha aprendido Zarra Domicó, como líder y como integrante de pueblos indígenas, es que si no se adaptan a la cultura occidental, siendo conscientes de su propia cultura ancestral, podrían desaparecer, imaginando que deberían adaptarse al contexto occidental como se mueve el departamento de Antioquia, aunque teniendo presente su conciencia sobre lo que verdaderamente son y representan. Porque en esa medida hay muchos compañeros indígenas que no tienen memoria y se les olvida que pertenecieron a sus comunidades, no recuerdan sus orígenes desde su niñez en los resguardos y en vez de ser ese apoyo y soporte, se convierten como si fueran enemigos de su propio pueblo. Cuando regresan a sus comunidades, es porque observan al indígena como un negocio para lucrarse, pero no porque le quieran aportar algo y tampoco les importa la situación que están viviendo en su territorio.
La resistencia indígena ante el conflicto armado
La primera forma de resistir fue la lengua, ésta fue el escudo protector de las comunidades indígenas, porque los actores armados llegaban a sus territorios y como no sabían español, no se metían con ellos. En el momento que las FARC tenían el control social, a muchos los amenazaron o los asesinaron por parte de este grupo insurgente, pero no con la misma intensidad en que lo están viviendo en la actualidad. Hoy en día, los jóvenes han aprendido mucho el castellano y ya no están tan protegidos como sus ancestros; hasta están inmersos en el conflicto porque aprendieron español y están dentro de un territorio donde los espacios que dejó las FARC, ahora se los están disputando el ELN (Ejército de liberación Nacional) y las AGC (Autodefensas Gaitanistas de Colombia).
“En nuestro momento desde el 2015 hacia atrás, en cierto sentido, como comunidades indígenas vivíamos un poco en armonía hasta que las FARC entregaron las armas. Porque estos actores nos respetaban, nosotros teníamos que dialogar con estos actores armados de la insurgencia y las fuerzas del Estado. Para nosotros los primeros maltratadores fue el Estado, gracias a que Colombia entró en el tema de Derechos Humanos cambió un poco el trato”, expone Domicó sobre lo que ha vivido en su resguardo.
Tres tomas guerrilleras recuerda Zarra Domicó en Dabeiba, en las que hubo cerca de 100 soldados asesinados. Tenía tanto poder las FARC con el frente 5, 34 y 58 en esta zona, que en una sola toma derribaron un helicóptero con 22 ocupantes; 30 horas de cilindros bomba tuvo que soportar el parque principal del municipio y ver la masacre de alrededor de 30 integrantes de la Fuerza Pública, así como ver el asesinato de algunos civiles que acusaban de pertenecer a los paramilitares. Pese a todos estos hechos trágicos, manifiestan que la violencia que producían, no era directamente contra sus comunidades.
Como pueblos indígenas se ven en la obligación de dialogar con actores armados, aunque son conscientes que eso es ilegal porque en varias ocasiones el Estado los ha acusado de criminales (como lo señala la ley 1779 de 2016, el gobierno es quien debe dar autorización para negociar con grupos armados), pero argumentan que si no lo hacen, deben esperar hasta una semana a que lleguen las organizaciones autorizadas para ello en el Derecho Internacional Humanitario, como el Ministerio Público, Cruz Roja o la ONU, mientras ocurren todo tipo de vejámenes en el territorio.
El Estado no tiene en cuenta el riesgo que corre un líder para defender a su comunidad, como en el caso de Kimy Pernía Domicó, en Tierralta Córdoba, que se opuso a la represa hidroeléctricas Urrá l, y por eso lo asesinaron. Aunque el Estado tenía conocimiento sobre lo que iba a suceder, posiblemente no le convenía protegerlo, porque hacía repulsión a los intereses privados de generación de energía por los que Mancuso, posteriormente, confesó que Carlos Castaño había dado la orden de acabar con su vida, como a la postre se ven sumergidas las comunidades indígenas en muchas partes de Colombia, particularmente en Antioquia, en esta zona donde tienen mayor cantidad de población étnica.
Los actores armados, sea en estos momentos las AGC o el ELN, creen en los líderes y los buscan, porque son ellos quienes tienen que mediar en el conflicto para la armonía de sus resguardos. Cuando un indígena se involucra con alguno de estos grupos y lo van a asesinar, son los líderes quienes deben mediar para que esto no pase, y aplicar la autonomía propia, para sancionarlo con sus normas; y esto no quiere decir que quien deba establecer el diálogo con un actor armado, pertenezca a algún grupo.
Los actores armados desconocen la autonomía indígena cuando reclutan menores, siembran minas en su territorio o los asesinan por oponerse al control territorial; podría pensarse que antes fueron los conquistadores españoles quienes los perseguían, hoy son los grupos armados y el Estado cuando no acceden a las apuestas que estos tienen en su lugar de origen. La disputa anteriormente era en los centros urbanos donde se construyeron las ciudades, ahora es en las zonas rurales donde conviven con la riqueza natural que los rodea.
“Ya como Emberá no sabemos para dónde correr, quieren imponer sus propias reglas: matándonos, ofreciéndole dinero a nuestros jóvenes para reclutarlos, enamorando a nuestras mujeres, minando nuestros caminos, ordenándonos que no podemos ir a cosechar, pescar o montear. Es una situación abrumadora porque a este paso los Emberá en Antioquia y Colombia van a desaparecer”, es el diagnóstico que hacen sobre la radiografía con la que conviven en su cotidianidad.
Domicó lleva 4 años en la organización recorriendo el departamento; hay momentos en los que asegura que le da miedo. Teme por su propia vida, teme caminar y a veces dice que ya no va más, que preferiría quedarse en su comunidad sembrando y nada más. Pero luego piensa que si hace eso, ¿qué esperanza van a tener esos compañeros? Mientras el Estado les cierra las puertas, los actores armados los están conquistando con dinero ofreciendo un millón de pesos a cambio de asesinar y matar a su propia comunidad. Eso es lo más duro para él, que viviendo en sus lugares ancestrales, hay momentos que se trunca el pensamiento, y a veces no ve más alternativa. Incluso, en algún momento de su juventud estuvo a punto de caer en manos de actores armados, aunque nunca pasó. Producto del maltrato del Estado hacia él, estuvo cerca, pero un profesor lo orientó, conversó con él sobre el tema y por esto reaccionó, pero es consciente de que quizás muchos Emberás aceptan las reglas de esa gente, porque son como el gavilán, siempre están esperando a que alguien se descuide para llevárselos como botín de guerra.
Casualmente han empezado a notar que como los actores armados en el territorio son usualmente la mayoría de los mismos mestizos de siempre, después de que las FARC dejaron las armas en el proceso de paz, ¿por qué? Porque los que pertenecían a las FARC que no se desmovilizaron, ahora pertenecen a las AGC; es decir, si usted le pregunta a un indígena que si FARC o AGC, va a decir que son lo mismo. Haciendo la claridad de que sí hubo gente que estuvo en la zona de concentración, se desmovilizó y ahora está en su zona trabajando como cualquier tendero o finquero. Personas que eran mandos grandes y que hoy simplemente le están dando trabajo a la gente; ese tipo de actos de construcción de paz, motivan a Domicó y lo llenan de alegría.
Contradictoriamente, quienes no se desmovilizaron y pasaron a las AGC, ahora patrullan por los campos y los resguardos que conocían muy bien las FARC. Si hoy usted le pregunta a un Embera del Atrato, Murindó o Vigía del Fuerte te va a responder que son la misma guerrilla porque ellos vieron al que era uniformado con la guerrilla, ahora con el uniforme de las AGC.
Según la alerta de la Defensoría del Pueblo N° 009-19 de 2019, evidencia que las AGC y las FARC trabajaban en equipo para la cadena productiva del narcotráfico. La insurgencia saca la producción por el corredor entre los municipios de Peque, Cañasgordas, Uramita y Dabeiba, la cual se entrega a las Autodefensas Gaitanistas en el Cañón de la Llorona para que ellos sean los encargados de sacarla o distribuirla en el país.
Frente al tema de los falsos positivos en Dabeiba, Domicó explica que sí es real, con decirle que el Ejército casi nunca llegó a matar un guerrillero. Recuerda que solo en la segunda toma, mataron a un subversivo, después de dos días de combate, donde murió un combatiente de cada lado.
Desde pequeño entendió lo tramposo que era el Ejército para combatir, porque no respetaba las normas internacionales del Derecho Internacional Humanitario. La Fuerza Pública cogía a los insurgentes dormidos y no pasaba nada, pero cuando sucedía al contrario, sí salían los noticieros anunciando que habían sido emboscados. La imagen más dura de la guerra la tuvo cuando a una muchacha que era muy bonita, joven, mayor de edad y que pertenecía a la guerrilla, la capturan e iba pasando al frente de su resguardo indígena y la pretendían obligar a confesar dónde estaba el campamento de la insurgencia, por lo cual se rebeló, le iba a quitar el revólver a un soldado y la mataron entre más de 200 soldados, siendo una mujer sola. 200 soldados no fueron capaz de controlar a una mujer. La mayoría fueron civiles que no se sabe de dónde los trajeron, todo esto lo empezó a percibir cuando comenzó a formarse como docente, ya que cuando era niño no lo vio directamente, pero escuchaba lo que se comentaba al interior de los resguardos indígenas, por eso insiste que la formación y la educación es fundamental para entender cualquier contexto.
La precariedad educativa en el contexto indígena

Para huirle a la guerra, este profesor indígena, considera que la mejor apuesta es la educación, pero el contexto es agreste y tampoco lo facilita. En Antioquia hay una gran tasa de analfabetismo y de subregistro, de acuerdo con el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas) en Dabeiba se concentra en un 19% a 2018; y de ese porcentaje, la mayoría son población rural e indígena como lo reconoce la misma Secretaría de Educación de la Administración Municipal.
En gran medida, esta situación también se debe a las características de la población étnica que contraen matrimonio desde muy jovencitos, aunque esta parte cultural es compleja abordarla para los mismos líderes. Algunos habitantes los cuestionan porque los señalan de haberse occidentalizado al querer cambiar esta coyuntura, pero los líderes con más experiencia argumentan que es ilógico que una menor críe a otra niña.
Antioquia, pese a que es el segundo departamento con mayor inversión del país por el Presupuesto General de la Nación, recibiendo en promedio cerca de 6 billones anuales, aún carece de infraestructura en municipios PDET como Dabeiba, donde los docentes deben enseñar debajo de un plástico: hay escuelas sin asientos para los estudiantes y los tableros son hojas de palmas grandes, que las ponen a secar, para poder escribir sobre ellas con un carbón.
En Dabeiba hay escuelas donde no hay restaurante escolar, no hay biblioteca, ni energía, ni libros. Dabeiba solamente de casi 50 escuelas, tiene 4 construidas en material, que son Chever, Carrá, Llanogordo y Pital. El resto están en techo de zinc, pero ninguna de esas otras cuarenta tienen baños, acueducto ni restaurante escolar. Si indagan en municipios cercanos como Frontino, Vigía del Fuerte o Murindó, encontrarán condiciones iguales o perores; así está en materia indígena Antioquia. Si habláramos de salud, de mejoramiento de vivienda o empleabilidad es aún peor, aseguran sus líderes. Por eso manifiestan, que a pesar de las buenas relaciones con la institucionalidad, se quedan cortos.
Como educador, Domicó no se siente discriminado como población indígena en Dabeiba. Pero en un municipio como Frontino es donde más los discriminan.
“Eso lo ve uno en el campo educativo, yo soy maestro de profesión y los maestros que deberían dar ejemplo, no se relacionan con los maestros indígenas. En Dabeiba si nos vinculaban a todos. Por ejemplo en la zona de Murrí se ve la misma discriminación, los indígenas adelante no se pueden sentar, solo en la parte de atrás porque el Emberá va con botas y canasto, mientras que los mestizos deben ir en la parte delantera”, cuenta Domicó.
Incluso, la Gobernación de Antioquia debería aportarle a una política de inclusión, que de hecho la hay, con el plan decenal 2020-2030, pero como suele ocurrir con todas las poblaciones con enfoque diferencial, eso se queda ahí en papeles y leyes para la foto, porque para que eso llegue a los municipios, es muy difícil, y más aún, cuando en el propio territorio no hay recursos económicos para desarrollarlo.
Sin embargo, este líder aclara: “No toda la culpabilidad es de occidente y del no indígena, también es producto de nuestra propia cultura, porque muchas veces la institucionalidad no sabe llegar a nuestras comunidades. Muchas veces quieren pasar por encima de nuestros líderes, y cuando pasan por encima de nuestras autoridades se van a estrellar yéndose ese proceso al suelo”.
Cómo afectó positiva y negativamente la religión católica a la población indígena
Ligado al tema educativo está lo que ocurrió con la disputa de la colonización y la intromisión de la religión católica, que para este educador, tiene dos miradas: Primero, cómo los afectó la religión católica. Al principio la Madre Laura llegó a Dabeiba con una lectura errónea de la cultura ancestral como lo hicieron los colonizadores, imponiendo el cristianismo. Al pasar el tiempo cambiaron su posición mostrando apertura a sus creencias; para sus ancestros ella era arbitraria porque llegó quemándole las barras (símbolo de los Jaibanás para curar y hacer rituales) e intentando cambiar ciertas particularidades de su cultura.
Para la Madre Laura, las barras y los rituales eran brujería, por eso les quemaba sus bastones, aduciendo que eran del diablo, les trataba de inculcar la biblia a cómo fuera de lugar y los obligaba a rezar el rosario. Lo terminaron aceptando porque las comunidades estaban sumidas en las necesidades y ella llegó a conquistarlos con ropa, comida y accesorios que ellos nunca habían disfrutado. Así ocurrió con sus abuelos, a Domicó le tocó un periodo con una mayor tolerancia a su pensamiento. Según él, fruto de esas compañeras religiosas de ahora, es que han logrado consolidar un proceso organizativo porque ellas fueron las primeras maestras de sus líderes, enseñándoles y buscando aliados. A partir de ahí fueron creciendo: promueven los rituales, les permiten fortalecerse, en su colegio indígena la hermana les exigía hablar Emberá, pintarse, traer comida ancestral y portar el atuendo tradicional.
Producto de ese proceso, la mayoría de los Emberás practican el cristianismo, porque los padres van a sus comunidades. Para ellos, la religión católica no les afecta desde el punto de vista cultural porque no es impositivo, ni transgresor a su cultura en esta época.
“El Cristianismo protestante sí nos afecta, eso nos tiene peleando y nos viene imponiendo que la mujer o el hombre no se puede pintar porque eso es diabólico. También dicen que el Emberá no puede hacer rituales porque le expresan que eso es del diablo, dado que muchos rituales tienen que ver con bebidas embriagantes”, explica Domicó.
Además del conflicto… deben resistir a la amenaza minera
La principal amenaza para preservar su cultura ancestral, vendría siendo el conflicto armado, pero con la incursión de empresas privadas mineras también se pone en riesgo sus territorios y su seguridad. Según las cifras de la Gobernación de Antioquia, hay 67 títulos mineros, de acuerdo con la publicación del mapa minero del departamento en 2018.

“Prácticamente casi todos los resguardos indígenas en Dabeiba tienen licencias ambientales, que aún no hayan iniciado sus proyectos es otra cosa. En este momento hay una empresa haciendo consulta previa para entrar al cerro Careperro, porque la primera vez los indígenas los sacaron, hoy están llamando a unos líderes de la comunidad. Estoy casi seguro que los están engañando, el culpable de eso es el Estado, en este caso el Ministerio del Interior, que se hace el de la vista gorda para que vaya y engañe a los indígenas ofreciendo dinero y luego con la firma justificarán el ingreso. El filo sagrado Eburá ha estado dentro de un título minero en el que hemos estado pendientes, hace parte de uno o dos resguardos. Siempre nos vamos a oponer a la minería porque el día que dañen un filo de esos es acabar con nuestros ríos y montañas. Esperemos tener la fuerza y el coraje, así sea de defender con nuestra propia vida el territorio, porque es lo único que tenemos; no hay nada más”, asegura Domicó.
Los indígenas ponen en el centro la vida, por eso se consideran defensores de la madre tierra, hasta el punto de que prefieren ir a la cárcel por defender estos dos valores fundamentales, sin importar lo que establece la normatividad colombiana, que identifican como ilegítima para el contexto Emberá Eyabida cuando está de por medio su territorio o la vida de sus compañeros.
Prueba de ello, es la resistencia que venía realizando Rafael Domicó Carupia, asesinado el 6 de abril de 2021 en la comunidad Amparradó Popalito. Los indígenas manifiestan que fue atacado por dos hombres armados en su propia casa. Destacado por ser un maestro jaibaná que promovía la musica tradicional de su pueblo Embera y reconocido en el territorio como «cultura» por ser un gran compositor.
“Hoy en día en Antioquia las selvas las tienen las comunidades indígenas, a uno lo indigna que mientras la cultura paisa en general acabó con sus selvas y con sus ríos, yo tengo ríos grandísimos y se ve la arena, parece que tuviera un vidrio por encima, con el agua tan clara. Mientras este río Medellín debería ser lo mismo. Lo que más lo indigna a uno es que tras de que destruyeron su entorno, ahora nos están atacando a nosotros allá, se nos meten a nuestros resguardos a sembrar drogas, minas y asesinarnos; eso es lo que no queremos», la versión de Domicó confirma que en lugares como Amparradó Alto y Cañaveral, entre los municipios de Dabeiba y Frontino, 300 familias indígenas estuvieron confinadas este año por siembra de minas antipersonal, así como murió Nevardo Bailarín al pisar uno de estos artefactos.
En el recorrido que hace Domicó por Antioquia ejerciendo su liderazgo, una señora indígena en Murindó le preguntó: “¿Nosotros qué le tenemos a estos grupos armados que se vienen a perseguirnos hasta aquí? Si nosotros vivíamos tranquilos aquí», por lo que casi llora Domicó al escuchar lo que tiene que padecer sus compañeros.
«Anteriormente comíamos plátano y pescado, ¿por qué ya no podemos hacer esto? – prosiguió con su testimonio la lideresa- Si nosotros estamos quietos y nos vinimos para acá, y ya nos están diciendo que nos tenemos que ir de acá ¿hasta cuándo?», continuó con su descripción de la realidad que conmovió a este líder indígena y quedó sin palabras; él también quisiera entender el porqué.
«Desde las ciudades llegan las grandes empresas a destruir nuestros territorios porque tenemos recursos naturales y ellos quieren extraerlos mediante la minería. Hay un Estado sinvergüenza que no valora la protección indígena, ahora solo les dan la orden para que vayan allá. Los actores armados están en disputa por droga y minería, ¿pero quién firma la ley de la minería? El Gobierno ¿Quién está obligado a proteger los resguardos indígenas para que no siembren droga? El Estado y nosotros también estamos obligados a ello, pero no manejamos armas, nos hacen un tiro y nos hacen correr”, concluye este líder Emberá Eyabida.
Zarra Domicó* Nombre cambiado a petición del líder, por motivos de seguridad.

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