La minería formal e informal acabaron con la tranquilidad de la comunidad de Higabra

Fecha: 18/10/2021
Por: Andrés Ríos
Los habitantes de la vereda Higabra, en Buriticá, llevan seis días en un plantón pacífico exigiendo derecho al territorio y a una vida digna, el cual consideran que ha sido vulnerado por el proyecto minero de la Zijin Contienental Gold con los impactos negativos. Adicionalmente, con los incumplimientos de la compañía la gente decidió que no se ve coexistiendo con la compañía, ya que a la comunidad solo la dividen dos metros del proyecto.
En medio del plantón pacífico, llegó el Ejército y el ESMAD, llegaron a despejar la vía capturando a los líderes Casimiro Higuita, Norbey Restrepo y Alejandro Vélez. Están retenidos solo por el hecho de protestar pacíficamente como lo permite la Constitución Política de Colombia en su artículo 37. Resultaron dos heridos con balas de goma y afectados por los gases lacrimógenos.
El motivo del pantón es porque la gente decidió por fuerza mayor que quiere salir de la comunidad, que ya no ve futuro acá y que las cosas cada vez son peores y no mejoran, relata uno de sus habitantes, que prefiere contar los hechos bajo reserva de la fuente por motivos de seguridad… hicieron una propuesta de que la compañía compre los predios y la empresa no quiere aceptar. Dicen no estar obligados a comprar, pero que contradictoriamente la comunidad dice que está obligada a aguantarse todos los impactos.
“En este momento los impactos ambientales son el ruido, el polvo y las vibraciones en nuestras casas. El tema de la contaminación por los químicos y los malos olores que genera la planta. En la tarde se sube una nube de humo con estos químicos y aparte de eso la comunidad no se puede mover libremente dentro de la vereda porque continuamente nos están exigiendo documentos y requisas”, cuenta este habitante.
A esto se suma que la compañía se encuentra evaluando la ampliación de la planta para extraer cobre y plata. Esto va a generar que aumente más la contaminación con todo lo anteriormente señalado, si apenas empezaron en noviembre de 2020 y estamos así, ¿cómo será con esta ampliación? Por eso llevamos 5 días exigiendo tranquilidad nuevamente.
La comunidad está ubicada en un punto estratégico porque la carretera divide la vereda en dos, cruza caminos ancestrales de 200 años que tienen un código que los cobija, donde se comunican las dos zonas de la vereda. Dicen que es una vía privada, decían que iba a ser compartida para la comunidad y para ellos, hay un acuerdo de uso de manual, que los habitantes aseguran que la empresa incumplió. Debido a tantos engaños y mentiras la gente se cansó y no se ve aquí en un futuro.
“Ellos acabaron con nuestras costumbres y tradiciones, nos cambiaron la vida para mal. Familias que llevan generaciones en la vereda. Va a ser difícil dejar la tierra y empezar de cero, sin saber qué va a pasar y a dónde iremos a parar. La gente está dispuesta a asumir esos retos porque no se ve coexistiendo con el proyecto. Hay 23 cabezas de familia, quienes tomamos la decisión de no habitar más con esta empresa, quienes nos seguimos manifestando ante la empresa. Es como un matrimonio cuando se acaba, se acaba y la gente dice que no quiere y pase lo que pase se tienen que dividir”, cuente un habitante de la vereda.
Los manifestantes aseveran que ellos (Zijin Contiennetal) argumentan que los estamos obligando, pero lo que nosotros estamos exigiendo es lo que nos corresponde, porque nos impusieron los impactos generados en nuestra vida cotidiana, ¿por qué tenemos que seguir sufriendo sus consecuencias? Se preguntan, en Colombia debe prevalecer porque aquí les abrimos las puertas y la gente vendió sus tierras para darle cabida al “progreso”, al cual ellos llaman desgracia porque les quitó la tranquilidad y les cambió la vida.
La tranquilidad se acabó porque aquí hay una sobrepoblación con contratistas, algunas familias que se benefician de la empresa porque tienen sus casas arrendadas a estos trabajadores de la empresa, aquí familias tienen un restaurante que les venden a estos contratistas. Mientras que hay otras familias que no se benefician en nada, porque anteriormente esto era una zona donde habían cafetales y caña; y ya no queda nada.
En este territorio cambió mucho el tema de seguridad porque entró también la minería informal y ya se ven casos de robo y de pedofilia. En esta vereda antes había unión, esta empresa trajo progreso y mejoró la vía, pero a un precio muy alto porque se volvió más costosa la vida y les restó la tranquilidad.
La gente dice que no cree en la empresa, porque van 1, 2 y 3 veces que no les han cumplido lo pactado, porque dicen que solo les dan contentillo, pero cada vez es peor. Quieren evaluar las casas con un perito con el valor del mercado actual, mientras que ellos no se querían ir, se van ahora por los impactos que les obligaron a vivir con el proyecto.
Aunque contactamos al jefe de prensa de esta multinacional, Jaime Román, para escuchar la versión de la empresa, nos manifestó que actualmente la compañía no se piensa manifestar sobre este asunto.
Mientras tanto, sus habitantes recuerdan que la gente anteriormente vivía de la caña, del café y de la minería ancestral lavando su batea cerca a orillas del río Cauca. Aquí no había minería, con el tiempo que se fue descubriendo esta zona minera, la gente le fue abriendo las puertas pensando en el beneficio, pero jamás se imaginaron que esto iba a cambiar sus vidas, porque ya agricultura no hay. Los cultivos no producen como antes y ni los árboles frutales dan frutas.
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